Ayer fui a la feria con un amigo de la universidad. Decir “fui a la feria” podría incluir diversión, juegos mecánicos, comida chatarra y demás, pero en la realidad, fue algo diferente. Fui a la feria a verla y a mojarme con agua de lluvia mientras platicaba con mi amigo sobre su atracción sexual o no sexual hacia ciertas personas. Y mi amigo me ha inspirado a escribir hoy.
No es la primera vez que me toca escuchar a un hombre que me dice sentirse atraído de modo romántico hacia personas de su mismo sexo, pero que también afirma con sinceridad no sentirse “gay” y rechazar los comportamientos de una “loca”. Dejando de lado la falta de apertura mental que requiere hacer comentarios así, encuentro comprensible su postura.
Más veces he escuchado sobre chicos siendo denominados “homosexuales” por el hecho de ser dulzones, o caminar moviendo las caderas en exceso, que por el hecho de, realmente, estar interesados sexualmente en otros chicos.
Si bien es cierto que es un estereotipo arraigado, también lo es que los seres humanos tenemos capacidades pensantes y podemos discernir entre creaciones culturales y creaciones naturales. Pero lo que normalmente hacemos es mezclar hechos con atribuciones en lo que se denomina “efecto halo”.
El hecho sería que ser mexicana es haber nacido dentro del territorio de los Estados Unidos Mexicanos. El halo sería que, por ende, soy floja, irresponsable, parrandera, me gusta el chile y uso sombrero.
Naturalmente, si al decir que soy mexicana estuviera incluyendo todas esas cualidades, entonces preferiría no decirlo. Lo mismo, me imagino que siente mi amigo. Además, de que, ser etiquetado como algo que no es realmente un factor influyente en tu personalidad, es algo frustrante.
A mí tampoco me gustaría que me pusieran etiqueta de “lesbiana” o “bisexual” porque sería algo que inmediatamente dominaría a otras características mucho más interesantes de mi persona. Por el contrario, me gusta llamarme “romántica” y le tengo cierto cariño a la etiqueta de “nerd” o “inteligente”, porque la considero un halago (realmente me queda mejor la de “geek” o “ñoña”).
Así que, me disgustan las cajas en ocasiones, pero comprendo su utilidad.
Nota: Ah, sí. Mayra Hernández acaba de decepcionarme. Una vez más. Cielos… ¿Qué sería el mundo sin Naoto Kine?