Archive for the 'Relaciones Humanas' Category

« Previous Entries

Soñar y despertar

Era demasiado bueno para durar…

Me siento tan mal de que me mienta, pero me siento aún peor por saber que me subestima de ese modo, ¡que cree que no me doy cuenta! Soy demasiado inteligente para sus mentiras de secundaria, pero yo, a diferencia de él, le doy importancia a mis promesas (“voy a confiar, voy a confiar, voy a confiar…”).

A pesar de que me dije que era lo suficientemente fuerte para esto, ¿cuánto más en verdad voy a soportar?

Forzado

Ayer, viernes, último día regular de clases en la preparatoria (aunque seguiré yendo la semana que viene por examenes extra que me gané por ser tan obsesiva con mis calificaciones), tuve una conversación de despedida con Luis en el que solía ser nuestro salón cuando estabamos en prime (y segundo) grado. Me sorprendió un poco su actitud, tal vez porque hacía tiempo que no hablaba con él de forma tan personal, o simplemente porque ha cambiado y yo también. Él parecía esperar que lo pateara y yo esperaba que se pusiera a lloriquear, pero fue más o menos lo contrario. Fue algo muy del tipo “como no te vuelvo a ver, te digo todo lo que nunca te he dicho” de su parte; casi pareció planeado, pero estoy segura que no lo fue. Me expuso, in darse cuenta, una interesantísima metáfora con un paquete de cacahuates japoneses y uno de galletas Príncipe (me pregunto si habrá captado cuando se lo señalé).

Pensando en esa conversación, en mi entrada anterior y en otras cosas que siempre andan en mi mente, concluí que un apecto que sigue latente en mi personalidad es esa obsesión que tengo con no soltar el pasado. Por otra parte, recordé lo fácil (relativamente) que dejé ir los recuerdos de la secundaria, y entró en juego la otra variable. No había pensado mucho en El Sueño desde que decidí que no era importante, pero lo cierto es que “con El Sueño” y “sin El Sueño” las cosas se desarrollan distinto; tal como escribí en una carta que nunca envié, estaba en una parte de mi vida en la que podrían haberme ofrecido una receta para conseguir talento o la formula secreta para la estabilidad mental, y aun asi yo hubiera cerrado los ojos para no distraerme de El Sueño nunca.

El Sueño, en cierto modo, es parte del pasado; lo puedo ver, a veces hasta lo puedo tocar, pero no lo siento.

No he querido forzarme a sentirlo, porque va contra los principios de mi forma de actuar (esos estúpidos principios que me dicen que debo esperar a que alguien me encuentre en lugar de buscarle); sin embargo, había estado pensando mucho en que tal vez debía darle una verdadera oportunidad de acercarse a mí otra vez.

La verdad, fue tonto de mi pensar de ese modo, olvidar que existe el tiempo.

Hora de terminar todo, supongo. De alguna manera, aún hoy sigo viviendo.

Cierre

Tres cosas saltan a mi mente cuado me pregunto sobre qué debería escribir.

La tercera tiene que ver con el chico del que uso los apellidos como contraseña para mi cuenta en nicovideo, que he descubierto que es una de las experiencias más interesantes de mis estudios de bachillerato, incluso por encima de las clases de Historia y Filosofía. He pensado, casi desafortunadamente, que si él en realidad hubiera pensado (y dicho) una cosa como “yo me casaría con esa chava” refiriéndose a mí, tal cual me han tratado de engañar contándome, yo hubiera podido caer perfectamente en la tentación de pensar algo parecido.

No es precisamente un pensamiento romántico, en el sentido popular de la palabra; es más bien una reacción casi voluntaria al hecho de que uno de los pocos días que puedo recordar, admitir e, incluso, sentir como “extraordinariamente feliz”, estuve acompañada por él.

Lo que quiero decir es que realmente me gusta, algo que él mismo ya sabe. Y me frustra no entender su mente, tan simple como parece. Detesto que el único recuerdo tangible que tengo suyo es una hoja de papel arrancada de una libreta, a escondidas, con anotaciones sobre las capas tectónicas. Porque tarde o temprano, el sonido de su voz cantando una canción de disculpa para un árbol, la sonrisa que llevaba en los días de ocio de fin de semestre mientras tocaba la guitarra para entretener a otros, la incomodidad de escucharme hablar de cosas que no pensé que le incomodaran, la sensibilidad para explicar, la falta de tacto para responder y su energía tan distinta al caminar o correr; todos esos recuerdos se irán de mi mente en algún momento, causal o casualmente.

No sé, a lo mejor y lo que me molesta en realidad es el cierre que tuvo la historia… Tan aburrido; poco memorable.

« Previous Entries