Tratando de cumplir una promesa

Julio 7th, 2010 § 1

Pues sí. El año pasado fue un asco. Con todas las letras, lo fue. No sólo me vi inmiscuida en una relación tormentosa con un hombre cínico y malintencionado. Oh, cielos, ojalá hubiera sido solamente eso.

Pero no. También fue un año asqueroso en todos los aspectos de mi vida. Laboral, vocacional, espiritual, familiar, monetario…

No contenta con haber alienado a todas mis amistades y echado a un lado a mi propia familia para complacer a dicho hombre, también hice algo “muy malo” y arruiné mi larga relación amistosa con la única persona a la que le he hablado con toda sinceridad desde que la conocí.

No realmente, yo no lo arruiné tanto como ella. Más bien, parecía que había sido planeado por los Poderes Supremos, pues apenas dos meses después del rompimiento con “E…” y algo más de un mes después de mi recuperación, ella simplemente dijo que no estaba contenta conmigo justo un par de semanas después de que hubieramos tenido la más absolutamente hermosa y cálida de las conversaciones del mundo. ¿Suena familiar? Tal vez no, porque jamás he expuesto el hecho de que “E…” decidió romper conmigo solamente unas semanas después de que me dijera las palabras más reconfortantes que salieron de su boca durante toda nuestra relación.

Hechos en el cielo, los dos…

Pero bueno, volvamos a ella. Aún me deja perpleja su actitud. Es sorprendente como siempre logra sobrepasarse a sí misma. Su último razonamiento fue que yo no valía la pena como amiga porque la hacia esperar demasiado.

Triste, si ustedes se atreven a creer una cosa así.

¿Quién hizo esperar a quién primero? ¿No fue acaso ella la que no respondió mis mensajes durante meses, en los que le insistía a que diera señales de vida? ¿No repitió ella esta actitud mil veces más durante los 5 años de nuestra amistad? ¿Cómo se atrevía a exigir algo más, cuando la oportunidad se le había dado y ella no la había tomado?

Cosas graciosas pasan en la vida, he de decir.

Este episodio me causa más desconcierto que dolor, lo admito. Pero no deja de ser parte de mí.

2 conclusiones

Marzo 14th, 2009 § 1

Hábitos alimentarios

He descubierto la razón en la relación de mis patrones de alimentación con mi estabilidad mental y emocional. Es algo verdaderamente simple, basado en el hecho de que la alimentación consiste en una necesidad básica del ser humano para su supervivencia.

  1. Estando en un estado estable, existe en mí la facilidad para desarrollar una dieta basada en cereales integrales y vegetales.
  2. Estando en un desbalance puramente emocional o en uno puramente mental, tengo la tendencia a comer en exceso y a llevas una dieta basada en pan blanco y distintos tipos de queso.
  3. Estando completamente inestable tanto mental como físicamente, pierdo el interés por la alimentación, correcta o incorrecta y simplemente me abstengo de ella.

Con esas observaciones, planteo la hipótesis de que:

  1. Al sentirme bien conmigo misma inconcientemente deseo prolongar mi vida con hábitos saludables;
  2. al sentirme medianamente deprimida no estoy en una etapa precisamente suicida, pero me desinteresa alargar “el sufrimiento de la vida”;
  3. al sentirme absolutamente deprimida apelo al único tipo de suicidio del que soy capaz, siendo ese el causado por omisión.

Y así llegué a comprender como alguien con una personalidad tan desquiciada como la mía no era suicida en potencia: en realidad, lo soy, pero de una manera un poco retorcidamente distinta.

Depresión

Descubrí, durante mi más reciente ya superada depresión, que una de las cosas que más me preocupaba acerca del problema como totalidad, es que era incapaz de manejar dicha situación con madurez e inteligencia (lo que yo denomino: actuar como dictan los patrones establecidos de una sociedad de mártires y héroes de bronce). Pero, ¿por qué debería preocuparme?

Vamos, en unos meses voy a cumplir 20 años y voy a dejar de, teóricamente, ser una adolescente completa. ¿Cuál es el punto de seguir siendo adolescente si no puedo comportarme inmaduramente y deprimirme hasta que haya terminado con todas las reservas de chocolate del estado?

Nunca me había preocupado ser demasiado depresiva como algo que afectara mi madurez intelectual; siempre he sido conciente de que tengo la madurez emocional de una quinceañera, así que… ¿Cuál es el problema? No voy a cambiar eso solo porque esta vez decidí que mi tormento psicológico fuera un hombre “maduro” y relajado, poco apegado a mis terminos de emocionalidad estética.

Así que… hasta que sea necesario, al diablo la madurez emocional; todavía me queda algo de tiempo para vivir todas las secciones de mi vida como extensiones de mi obra artística.

Where Am I?

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