Tratando de cumplir una promesa

Julio 7th, 2010 § 1

Pues sí. El año pasado fue un asco. Con todas las letras, lo fue. No sólo me vi inmiscuida en una relación tormentosa con un hombre cínico y malintencionado. Oh, cielos, ojalá hubiera sido solamente eso.

Pero no. También fue un año asqueroso en todos los aspectos de mi vida. Laboral, vocacional, espiritual, familiar, monetario…

No contenta con haber alienado a todas mis amistades y echado a un lado a mi propia familia para complacer a dicho hombre, también hice algo “muy malo” y arruiné mi larga relación amistosa con la única persona a la que le he hablado con toda sinceridad desde que la conocí.

No realmente, yo no lo arruiné tanto como ella. Más bien, parecía que había sido planeado por los Poderes Supremos, pues apenas dos meses después del rompimiento con “E…” y algo más de un mes después de mi recuperación, ella simplemente dijo que no estaba contenta conmigo justo un par de semanas después de que hubieramos tenido la más absolutamente hermosa y cálida de las conversaciones del mundo. ¿Suena familiar? Tal vez no, porque jamás he expuesto el hecho de que “E…” decidió romper conmigo solamente unas semanas después de que me dijera las palabras más reconfortantes que salieron de su boca durante toda nuestra relación.

Hechos en el cielo, los dos…

Pero bueno, volvamos a ella. Aún me deja perpleja su actitud. Es sorprendente como siempre logra sobrepasarse a sí misma. Su último razonamiento fue que yo no valía la pena como amiga porque la hacia esperar demasiado.

Triste, si ustedes se atreven a creer una cosa así.

¿Quién hizo esperar a quién primero? ¿No fue acaso ella la que no respondió mis mensajes durante meses, en los que le insistía a que diera señales de vida? ¿No repitió ella esta actitud mil veces más durante los 5 años de nuestra amistad? ¿Cómo se atrevía a exigir algo más, cuando la oportunidad se le había dado y ella no la había tomado?

Cosas graciosas pasan en la vida, he de decir.

Este episodio me causa más desconcierto que dolor, lo admito. Pero no deja de ser parte de mí.

Tiziano y su trilogía de la decepción

Julio 2nd, 2010 § 0

Bueno, así me gusta llamarla a mí, al menos. ¡Es hora de traducir! Llevo mucho tiempo queriendo poner más reseñas de discos y traducciones aquí, pero mis miles de ocupaciones no me lo han permitido. Esperemos que en lo que me queda de mis mini-vacaciones pueda hacer algo interesante con mi blog.

Las tres canciones que “traduciré” a continuación son parte del álbum 111 (centoundici) de Tiziano Ferro. El álbum es tremendamente amargo, comparado con el optimista Rosso Relativo, en lo que se refiere a las letras. Yo digo “trilogía”, pero es por motivos personales. Por lo menos la mitad de los tracks del disco son canciones de decepción.

10 Piegamenti (10 sentadillas) – traducción libre

Hace tanto que realmente no estoy solo en esta habitación
La verdad, estoy detrás con el análisis de conciencia
He madurado lo debido con mis introspecciones
He perdido el vicio de pedir siempre “por favor”

Pero estoy cansado y devastado de una vida siempre a la espera
Hecha de noches enteras y trenes retrasados

Pero ya que en la autopista es bajo el peligro del sexo
Siendo así, ahora estoy en silencio y reflexiono sobre nosotros

Ventanilla abierta
Flor en el desierto
Y sorprenderse una vez más al bailar algo lento
Adentro de lo que sea, grita y canta
Y está aún caliente dentro de los calzones

Detrás de tu cicatriz,
¿qué hay?
¿Una historia fea o una feliz?

Bho… ahora 10 sentadillas,
¡10 sentadillas!

Ha tomado tiempo pero finalmente lo he entendido
Que el que se molesta y alza la voz es el que tiene la culpa
Quien escoge el camino de la arrogancia paga el precio
Y entonces… ¡10 sentadillas! ¡10 sentadillas!

Necesito cambiar quedándome siempre igual
Y seguido tengo miedo de tener miedo
Pero cuando se quiere, y digo se quiere de verdad…
¡Todo el resto es poco, todo el resto es cero!

Detrás de tu cicatriz…

Abajo, abajo… ¡10 sentadillas! ¡10 sentadillas!
Abajo, abajo… ¡10 sentadillas! ¡10 sentadillas!

Para el que no puede apretar más los dientes…

Dejo correr con fatiga las jornadas
Calle, ojos, aprieta bien los dientes
Para callar el miedo que tienes en el corazón
No critiques a los demás, intenta ser mejor tú
El viento de tus manos me pasa por dentro
Tempestad en mi mar entre razón y sentimiento
Entre el espíritu y el corazón hay una gran diferencia
Si pierdes el primero, lo recuperas, ¡el otro no!

Detrás de tu cicatriz…

Esta tenía más sentido en mi cabeza cuando creía que “piegamenti” era “pliegues”. Pero cuando supe que era un tipo de ejercicio, pensé que a lo mejor tendría que ver con el título del disco y la gordura y etcétera. De todos modos, está buena la rola y tiene ritmillo. ¿Dónde está la decepción? “Ha tomado tiempo pero finalmente lo he entendido / Que el que se molesta y alza la voz es el que tiene la culpa”. Oh, que si no… La parte que me recuerda a “E…” es la de la cicatriz; lo demás nunca lo entendí muy bien, honestamente sólo me hacía pensar en él por la amargura de la voz de Tiziano.

Giugno ‘84 (Junio ‘84)

(Quiero) Más pactos claros y menos sexo
(Quiero) Que me llames por teléfono más seguido
(Quiero) Que me digas a veces que crees en mí
La verdad, no pido demasiado
(Quiero)  Saber por qué te has cortado el cabello así
(Simplemente) Quisiera escucharte de vez en cuando y
(Quiero) Saber como eres en verdad
Olvidándome del resto

Hasta antier, cuando me dejabas solo
Si regresabas a casa me traías un regalo
Y yo me consolaba y tú te estabas algo mejor
Escondía en ese regalo mi necesidad

Y ahora me arrepiento, me arrepiento
Y sueño que será | Un poco más bello, más bello |Para mí
Y si pienso de nuevo en tu mirada
Del junio ‘84
Mi remordimiento serás por siempre tú

(Era) Inteligente en secreto
(Detrás) Mis diseños y tu radio
(Sueños) En la publicidad de la tele
Mientras que la alegría trabajaba
(Espero) Olvidándome de como era
(Frío) Dejando debajo todo lo que es negro
(Bueno) Para enmascarar la infelicidad
Siempre de incógnito mi amor

Hasta antier, cuando me quedaba solo
El alba era un enemigo
Y mi sofá una astronave
Con el mundo entero jugaba a voleibol
Para no molestarte, lo hacia muy bajo, bajo

Y ahora me arrepiento…

Y miradas pasan falsas
Retratos, años nuevos | Se van…
Feliz como nadie | En el julio ‘91
Gracias a ti

Y ahora me arrepiento…

¿Qué puedo decir? Sigo sin entender el asunto de los años, pero todo lo demás es… demasiado. Esta canción toman posiciones típicamente femeninas, me pregunto si será a propósito. De sobra decir dónde está la decepción… Todo el primera párrafo es mi relación con “E…”, sin necesidad de decir más.

Mia nonna (Mi abuela)

Has pedido demasiado, ya deposité en el banco
Mi cabeza, tus celos y mi paciencia, tanto como quisiste
Aprovecharte de mis puntos débiles funciona
Pero a la larga hasta el más fiel se irá
Contigo… HABLAS…. FALLAS. CALLAS… FALLAS
CANTAS… FALLAS. MUCHAS… FALLAS.
El primer lugar en mi corazón te toca a ti
Todos los demás lugares siempre a ti
Ahora me salto la luz roja
No estoy más al lado de
Ti que me gritas… ¡MUCHAS FALLAS!
Ojos prisioneros, esos míos de ayer
El corazón hecho un desastre por quien no confía

Mi abuela dice: quien busca encuentra
Pero el que no encuentra
Busca mucho y a fuerza de buscar se cae
El bueno es bueno pero el mejor es mejor
Desafía al destino e incidentalmente pierdes tú
El que busca encuentra pero si no encuentra
Busca mucho y a fuerza de buscar se cae
El bueno es bueno pero el mejor es mejor
Desafía al destino e incidentalmente pierdes tú
El que busca encuentra pero si no encuentra

Has acabado los últimos residuos de calma
Metido a duras pruebas a mi buena voluntad
Que, amor, te juro hasta antier era tanta
Se ha quemado ya por tu morbosa posesividad
Contigo… RÍES… FALLAS. SUEÑAS… FALLAS.
CORRES… FALLAS. TANTAS… FALLAS.
La primera mirada en la mañana te toca a ti
Todas las demás miradas sucesivas siempre a ti
Corazón guerrero por un hombre orgulloso
Mirada un poco arrepentida por quien la ha sufrido

Mi abuela dice…

… ¡hablarás bajo, pero te escucho!
Como la nieve pasando en la ventanilla de mi tren
Te miro y te saludo, olvidarte me parece extraño
Te digo en voz baja “estoy un poco cansado, apártate de mí”
Se que el instinto no falla
No, que el instinto no falla…

Mi abuela dice…

Y si ríes, fallas; si sueñas, fallas; si te callas, fallas; si hablas, fallas. Oh, todo lo que hago es imperfecto para ti. Benditas relaciones auto-destructivas. El último párrafo me acaba de pasar hace poco.

Eso es todo por hoy.

Algo de arte

Junio 30th, 2010 § 0

A veces olvido que tengo este espacio para expresar mis artistidades.

Leyendo De Profundis, he tenido sentimientos encontrados. No es la primera vez que paso las páginas de esa edición que compré ya hace unos 4 años, pero sí es la primera que lo hago después de mi experiencia con mi Bosie Douglas personal.

En primera, es una obra patética, en el estricto sentido de la palabra.

Desde el inicio, se establece como tal: nos dicen que son alrededor de 50,000 palabras en las que Oscar nos habla de cómo su idilio con Lord Alfred Douglas fue la ruina de su vida, contándonos, con detalle de fecha, cada episodio en el que los defectos de Bosie se hicieron notar y, haciéndo muestra de una extraordinaria memoria, cada centavo que gastó en los caprichos de su eterno amante.

Una asombrosa empresa, por la que cualquier contemporáneo sería llamado sentimental y mediocre, es esa que Wilde emprendió mientras estaba en la Cárcel de Reading, sin otra cosa que hacer mas que pensar en la falta que le hacía Douglas.

¿Cómo haces de una carta extensísima, llena de reclamos, de culpas, de autocompasión, de martirización, de obsesión, de frustración, de exhibicionismo y de cosas tan personales, una obra maestra de la literatura inglesa? Pues sólo siendo Oscar Wilde, al parecer.

Y es que… por mucho que yo lo amo, no puedo evitar sentir algo retorcerse en mi interior cada vez que, de una manera que me parece hipócrita, desmiente que lo haya hecho todo por su obsesión por Bosie y asegura que lo hizo por la compasión que le tenía.

Patrañas. Sí, Oscar estaba en la cárcel y necesitaba culpar a alguien. Sí, el libro es hermoso, genial, poético, wildeano, noble… Pero cuantas patrañas escribió Wilde para llenar las 200 páginas.

Quizás sólo estoy molesta porque me sentí defraudada porque el Oscar de ese libro no es, con justa causa, el de los cínicos aforismos, sino uno de carne y hueso, que tiene derecho a negar las cosas de su vida que ya no le son tan convenientes. Es un Wilde que ya sintió el peso de todo lo que hizo anteriormente y entiende que reivindicarse no es una opción sino una necesidad. Repito, no se le puede culpar por ello.

Volviendo al terreno personal, hay un párrafo en particular que me hizo pensar en mi relación con mi antes mencionado Bosie personal:

“Siempre había pensado que el someterme a tu voluntad en cosas pequeñas no tenía ninguna importancia yq eu cuando llegara un momento decisivo, podría imponer de nuevo la natural superioridad de mi energía. No fue así. Cuando llegó ese momento, mi energía falló por completo. En la vida, nada es en realidad grande ni pequeño: todo tiene igual valor e iguales proporciones.”

Grande afirmación. Aún así me niego a creerle a Wilde que fue Bosie el que lo persiguió y le hizo la vida imposible, sin que él tuviera más opción que aceptarlo por ser tan noble. Prefiero quedarme con la visión de la carta que le mandó antes de entrar a prisión:

“Mi dulce rosa, mi flor delicada, mi lirio de lirios, es tal vez en prisión donde ponga a prueba el poder del amor. Voy a ver si no puedo hacer las amargas aguas dulces por el amor que te tengo. He tenido momentos en los que pensé que sería más sabio separarnos. ¡Ah! ¡Momentos de debilidad y locura! Ahora veo que hubiera mutilado mi vida, arruinado mi arte, roto los acordes musicales que hacen un alma perfecta. Incluso cubierto con fango, te adoraré, desde el abismo más profundo gritaré por ti. En mi soledad, estarás conmigo. Estoy determinado a no sublevarme y aceptar cada ultraje por medio de la devoción al amor, a dejar mi cuerpo ser deshonrado mientras mi alma pueda siempre mantener tu imagen. Desde tu cabello de seda hasta tus delicados pies, eres la perfección para mí. (…) Lo que la sabiduría es para el filósofo, lo que Dios es para su santo, tú eres para mí. (…) Pero no te entristezcas por ello, más bien se feliz de haber llenado con un amor inmortal el alma de un hombre que ahora llora en el infierno, y aún así lleva el paraíso en su corazón. Te amo, te amo, mi corazón es una rosa a la cual tu amor ha llevado a florecer, mi vida es un desierto abanicado por la deliciosa brisa de tu aliento, y del cual tus ojos son las frescas primaveras; la huella de tus pequeños pies hace valles de sombra para mi, la fragancia de tu cabello es como mirra, y en donde quiera que vas exhalas los perfumes del árbol de cassia. (…) Ámame siempre, ámame siempre. Tú has sido el supremo, el perfecto amor de mi vida; no puede haber otro. (…) Oh, el más dulce de los muchachos, el más amado de los amores, mi alma se adhiere a la tuya, mi vida es tu vida, y en todos los mundos de dolor y placer, tú eres mi ideal de admiración y alegría.

(¡Cómo me costó leer todos los pasajes en los que Oscar afirma que decidió racionalmente dejar a Bosie un manojo de veces con esta carta, que me sé de memoria, resonando en mis oídos! “¡Ah! ¡Momentos de debilidad y locura!” Porque el Oscar que me cortejó, me enseñó que nunca se paga un precio demasiado alto por ninguna sensación).

Dejando de lado los temas Wildeanos, hay otros amores que me traen vuelta loca: los de Federico García Lorca.

Que fabulosos los versos que le dedicó al “divino” Dalí:

“Pero ante todo canto un común pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.”

Que enormes los sonetos que escribió gracias a Rodrígez Rapún, piezas maestras de su poesía:

“Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.”

Herido de amor fue, demasiado. Porque Dalí no quería ser homosexual, a pesar de que se profesaban un amor innegable; porque Aladrén era un mujeriego y sólo lo utilizaba para ganarse fama; porque Rodríguez Rapún lo amaba pero era fácil que se dejara llevar a peder por alguna muchacha.

La historia con Dalí es la de interés general, por lo extraordinario que es para el mundo del arte que dos grandes como ellos pudieran encontrarse en los ojos del otro. Para mí, lo interesante de su relación es que eran personalidades muy diferentes. La sensibilidad de Federico seguramente pudo haber sido vista como sentimentalismo por parte de Dalí, pero al parecer sólo lo fue cuando ya no estuvieron juntos. Sin embargo, Me intriga entender que vió Federico en Dalí,  aparte de una cara bonita (que sí la tenía, punto) y algo de talento, que lo llevó a obsesionarse a tal grado con él. Del encanto de Federico hay grandes testimonios, pero aquél de Dalí sigo sin encontrarlo.

Las otras dos son más personales, más biográficas. A Aladrén me lo imagino siempre como una escultura griega que ha tomado vida; vanidoso y caprichoso, por supuesto. Del que tengo la imagen más positiva es de Rodríguez Rapún, que amó tanto a Federico, que se fue a morir a la guerra por él. Probablemente sean los Sonetos, los que me hagan agradecer tanto la existencia de ese hombre que los inspiró. Yo me enamoré de Federico por sus Sonetos del Amor Oscuro, así que se podría decir que también me enamoré de Rodríguez Rapún.

Pero ya es tarde. Me he interrumpido mientras escribía un artículo sobre The Talented Mr. Ripley. No lo terminé, pero al menos le quité un poco de polvo a este blog.

Where Am I?

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