Enero 14th, 2010
Esperando, 2
Gasto mis días envuelta en un sopor contemplativo. 12 horas de sueño, 12 horas de intermitente sosiego pasando sin interés las hojas de algún libro. Mi cuerpo se siente pesado e indiferente ante las maravillas del mundo fuera de la ventana de mi haibtación. Mi mente se adormila con cíclicos recuerdos del pasado. Mis sueños se nublan con fantasías y ‘hubieras’, con escenas ficticias de dolor y regocijo. Tú estás ahí.
La cabeza me da vueltas, el estómago le sigue el ritmo. Y de nuevo me recuesto, cierro los ojos, esperando que los fantasmas se vayan y el dolor se vaya y tú te vayas, porque no me atrevo a pedirte que lo hagas.
Y todo vuelve a la paz, y me siento bien.
Una lucecita centelleante aparece en la oscuridad llama mi atención. Un nuevo mensaje en mi teléfono celular.
“No és él, no es él, no es él (por favor, que sea él, que sea él, que sea él).”