Instante

Me tocas y desaparezco. Es como una visión de una época antigua, siempre espledorosa y magnificada… Respirar es difícil; sabiendo que cada exhalación me alejará unos segundos de ti, debería serlo. Siento lágrimas que no pedí venir a mis ojos y trato de detenerlas. “¡Llorar, justo ahora! No lo puedo permitir…” Miro tus ojos cerrados, tranquilos, sin saber en qué estás pensando, y sonrío con el corazón acelerado. Ni siquiera yo sé lo que estoy pensando o lo que estoy sintiendo. Sólo sé que quiero morir así, con tu mano fuertemente aferrada a la mía y tu respiración profunda haciendo compañía a la canción de amor barata que suena desde el televisor. Quiero preservar este instante por el resto de mi vida y vivir en él; ¡que el tiempo se detenga por favor! En este momento, sólo es el presente: ese mágico y desafiante tiempo en que nada importa más que sentir, ser uno con el mundo; el estado de inconciencia natural…

Y entonces llega el miedo; el nauseabundo, agonizante, paralizante miedo cuando tus largos y delgados dedos sueltan los míos y es obvio que todo va a terminar. Que el tiempo no se ha parado, sin duda. Impotencia. ¿Qué puedo hacer? Nada. Tragarme el dolor, tragarme las palabras hermosas, perfectas y ensayadas que quería decir… No puedo molestarte con mis tonterías infantiles. Tu vida ahora es más importante, más relevante para el mundo que la mía…

Te alejas con pose amable y luego te vas. Quiero salir corriendo y alcanzarte, y besarte, y no soltarte jamás. Pero las piernas me tiemblan; no es adecuado, nunca lo será. Recojo mis cosas y me voy también. El mundo es grande y yo, en este momento soy tan pequeña. La ciudad me aterroriza con sus colores agresivos.

¿Por qué el mundo no terminó ahí mismo, entre la oscuridad y el aroma de tu compañía? ¿Por qué el universo no se apiadó de mí y acabó con mi existencia mientras ésta era gloriosa? Ahora estoy sola, y sé que he caído de nuevo en tu red, que has conseguido lo que querías, como siempre, y te has ido satisfecho; todo con mi explícito conocimiento y consentimiento. Que enferma me siento, que asco me doy… Aún más sabiendo que no me arrepiento, que lo haría mil veces más.

Las palabras de mi psicóloga rondan mi cabeza una y otra vez. “¿Cómo puedes hacerte esto a ti misma?”. No lo sé–.

Momentos importantes

Toca mi alma, perfórala… para que salga el dolor, para que llore y muera.

Hoy comencé a escribir en un diario de nuevo y se sintió bien. Hoy hablé con Nataly sobre Ennis y también se sintió bien. Hoy me dijeron que me veía sexy con el cabello revuelto… y recordé como se sentía tan bien.

¿Saben? Una vez le dije a Luis: “Creo que… uno se da cuenta de que un momento en su vida fue importante cuando lo recuerda tiempo después, aún si al momento no parecía serlo”.

Pensaba en eso… porque recordé algo que pasó hace dos años, antes de todo, cuando me aterraba la muerte incluso más de lo que me aterra ahora. Mi primo Raúl y yo huímos de una plática sobre el fin del mundo y él me dijo, con sus apenas 11 años: “Pero no te debes preocupar, porque a la gente buena no le pasa nada malo”.

Y pensaba en lo mucho que me gustaría regresar el tiempo en mi cabeza y ser la niña que aún creía en eso.

Y pensaba en que ahora que mi respuesta se fue… estoy en nada.