Enero 9th, 2010
Pasión y ternura
Cancún, Q. Roo a viernes 10 de octubre de 2008
Mi adorada:
Nuestras cartas se vuelven intermitentes e inconsistentes…
Quisiera no ser pasional sobre muchas cosas; que extraño, una artista que no desea ser pasional (casi tan extraño como una atea que se sueña idealista).
Pero lo soy, a ratos, a instantes… Hace poco tiempo (mucho, en mi calendario del aburrimiento: 8 días) tuve pasión por una persona que me fue recíproca por… no sé si decir segunda o primera vez en mi vida, la verdad. Y fue algo tan extraño, dentro del punto en que me parecío tan maravilloso y perfecto como irrreal y decepcionante. ¿Qué tiene esto que ver contigo? Aun no estoy segura… Solo se que te sueño, te extraño, te necesito… ¿Es coherente que te quiera, te adore al borde de lo imaginario, en momentos tan extraños?
El amor está compuesto de imágenes, me lo he dicho desde siempre. Todos somos imágenes en la mente de otras personas; pero no importa, porque al final, todos somos parte de lo mismo. ¿Y que tiene que ver esto? Sinceramente… después de tantos años (si, ¡AÑOS!) creo que ya te habrás acostumbrado a este tipo de cartas.
Hace poco encontré una anotación en un viejo archivo sobre la fecha exacta en que te conocí (2004-10-17) y no pude contenerme la risita. Ah… esa ingenuidad de la pubertad, ¡no puedo ni recordar cuantos años tenía! Probablemente era una adolescente atormentada; oh, espera, eso lo sigo siendo en cierto nivel. Algunas cosas nunca cambian… ¡Imaginar que en una semana se cumplen cuatro años de aquella extraña causalidad en mi vida! Me cuesta creen que han sido solo 4; para mí, has existido toda mi vida.
Quisiera decirte como me siento acerca de ti sin pensarme como una especie de reflejo de una era muerta.
He estado leyendo un libro que tiene impresa toda esa ternura cuasi-infantil que ahora, cuando miro hacia atrás, veo en mí misma; se llama “Adolescentes” (Les Garcons) y es de un autor francés. El joven Albán de Bricoule, de 16 años, “…besaba el lápiz que Serge [Souplier, de 14, su "amitié particuliére"] le había prestado; descolgaba en el vestuario la etiqueta que Serge había pegado encima de su percha -¡etiqueta que Serge había humedecido con su lengua!-. [...] había conseguido un rulo de sus cabellos y lo llevaba consigo en un medallón…”. Y ahora que me encuentro en los terrenos de la literatura, que bien me conoces para recomendarme Demian: lo leí fascinada.
Espero que estes bien, cualquiera sea tu rumbo ahora.
Tu amiga,
Andrea
10:15:07 p.m.